Vete

Llevo días sintiéndome triste y acabo de descubrir que lo que tengo es frustración.

Que cuando siento pronunciado el tacto de mi propia ropa en la piel es porque de algún modo u otro he pensado en ti.

Que cuando se me corta la respiración o se me pierde la mirada es por algo que has dicho o hecho.

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Que este miedo constante es a perder este trance tan perjudicial y tan adictivo a la vez.

Que lo que me pasa es que tú me pasas. Por la mente. Todo el rato.

Por favor, vete de mi mente. Pero, sobre todo, sal de mi alma, vete.

 

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Odias la sensación de estarte volviendo loca, de no poder controlar ni tu propia respiración y sentir que tu corazón late como si quisiera salir de tu cuerpo. Y tú, la fuerte, la que nunca llora, te deshaces en lágrimas apoyada a la puerta de un cuarto de baño. Y todos están cerca, pero nadie te oye.

Ansiedad. ¿Ansiedad por qué? ¿Acaso una persona de tu edad debe medicarse tan fuerte para unos trastornos que no debería tener?  No lo sé.

Ansiedad por haberte ajustado a lo que los demás siempre han querido de ti. Esa ansiedad por ser perfecta que te hace vivir regodeada en tus propios complejos, esa preocupación por nada y todo a la vez que te impide avanzar. La ansiedad es una mierda que te hace pensar que tu vida también lo es. Y no.

Lo que sí sé es que los días se agotan. En un abrir y cerrar de ojos los meses y años pasan y miras atrás y te ves con N años sin haber hecho nada que merezca la pena.

Mira lo cierto es que la vida es corta, y que cada día que pasas sin sobresaltos es una batalla ganada, y cada día que sonríes es un punto a tu favor. Gana pulsos y puntos a la vida. Aprovéchala. Todo lo que de verdad importa fluye por ti de forma natural.

Al final la gente que te quiere perfecta te consume, no te deja ser tú, pero esa gente sigue siendo como quiere ser a pesar de lo que pienses, sigue siendo feliz, y tu cada vez eres más una caricatura de como deberías ser. La gente tóxica siempre sobra.

No te rindas

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Lluvia

Los enamorados ven películas bajo una manta y disfrutan del cariño mutuo en un fondo gris y constante 

Los amantes hacen el amor combatiendo el frío con el roce de sus propios cuerpos.

Las abuelas cuentan historias bajo un telón borroso.

La gente triste pierde entre ella sus lágrimas, como si el mundo llorara contigo y su calma fuera tu calma.

Los amores encontrados se besan en la calle, no puedes morir sin un beso mojado.

El mar se crece ante la adversidad y ofrece espectáculos raramente vistos

Los niños encuentran nuevos escenarios en los que jugar 

La ciudad se enciende convirtiendo lo cotidiano en una escena de luz

Por un rato, todo se detiene, y el mismo mundo que siempre te ha parecido rápido y estresante te da la oportunidad de disfrutar de la calma en los días así. 

No sé, a mí me gusta la lluvia

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Hacia lo más profundo

Llegó la noche y, cansado, se acostó. Yo lo entendía, y lo besé profundamente, pero con ternura, para que sintiera todo lo que yo quería darle. Pero esta noche no. Me tumbé y me envolví en una especie de sueño semiconsciente y, en medio de la madrugada, me desperté. 

Cogí un neceser, tacones y ese vestido negro de espalda abierta que deja ver el tatuaje que pocos han visto. Era la noche, lo siento, cariño. Le dejé una nota diciendo que iba a por tabaco y, cogiendo las llaves del coche abandoné la habitación y me adentré en la oscuridad. 

Me cambié y maquillé en el coche, y simplemente conduje. Nunca he tenido carnet, pero siempre he sabido hacerlo “por si ocurre una emergencia” (decía mi padre cuando me enseñó). La noche en este sitio es fresca, y a diferencia de mi ciudad, este sitio siempre tiene luces y actividad. Inconscientemente, sabía a donde iba. 

Aparqué en una callejuela pequeña. No quería que nadie, por casualidad, viera mi coche, y entré al mismo antro que había visto en la tarjeta de su chaqueta. Sin embargo, yo conocía al dueño. Pobrecito. 

Mientras bajaba las escaleras, se sucedían las imágenes de llamativas bailarinas, ataviadas, esta vez, con vestuarios inspirados en el burlesque, muy hermosas, pero con miradas vacías; aunque analizar estas cosas ya no era lo mío. 

Al final de la escalera estaba ella, con su maravilloso pelo negro y sus labios rojos, es curioso, pero siempre nos parecimos mucho sin ser familia, claro que ella siempre fue más alta. 

“Anthony te está esperando” me dijo con una sonrisa mientras tomaba mi mano y me arrastraba por un pasillo estrecho iluminado por una tenue luz roja. Yo me dejaba llevar, sin entender (pero presintiendo) por qué lo sabía y disfrutaba, (sí, lo hacía) de la visión de Eva y su falda lápiz abierta hasta la cadera. 

Sus largas piernas me condujeron hasta la puerta del pomo con forma de león, y abrimos. Al fondo, en su silla, estaba él. 

Ojos de un verde penetrante y un pelo negro espeso fueron siempre su mayor atractivo. Sus manos, fuertes, nos señalaban a ambas, en un gesto que inducía al acercamiento. 

Eva se sentó en sus piernas y lo besó cargada de sensualidad pero sin pasión real, como una demostración. 

Yo me quedé de pies contemplando la escena, y me recosté al borde de la mesa esperando el fin del beso de aperitivo. Ambos se levantaron de la silla y, en silencio, se acercaron a mí. 

La boca de Eva rozaba mi cuello mientras los dedos de él jugueteaban con mi cuerpo y desprendían los finos y escasos botones de mi vestido. Me recosté en la mesa mientras dos bocas y cuatro manos recorrían mi ser completo. Y me dejé llevar hasta perder la consciencia. 

Me desperté en mi habitación, él continuaba dormido y fui al baño a refrescarme consciente de que había sido todo un sueño. 

Al mirarme al espejo, me vi maquillada, y con marcas de sangre en las comisuras de los labios. “¿Qué habrá pasado?”, pensé, y, tras lavarme bien la cara, corrí a mirar mi neceser, que se encontraba en el sitio de siempre. 

Dentro, una tarjeta del club y, en el dorso, una nota escrita con lápiz de labios: 

Por fin has mostrado tu naturaleza real. Por fin te has dejado llevar. Un poco de sangre no es nada, Eva disfrutó ser mordida. Cuando quieras te esperamos en el club. Sangre de mi sangre.” 

                                                         Anthony

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Pequeñeces

En la vida hay cosas que sorprenden, entristecen o te hacen ser feliz. Normalmente cuando escribo aquí estoy muy triste, muy alegre o tengo una historia que contaros. 

A veces, las cosas simples son las que te hacen pensar, o te hacen sonreír en medio de la adversidad. En este momento estoy compartiendo con mis amigos, contando chistes y no puedo evitar querer regalaros este momento. 

Si estás agobiado, triste o enfadado, busca a alguien y dale un abrazo, o encuentra un vídeo gracioso, o algo que te haga reír por un momento. 

Te deseo un buen día, y muchísimos momentos de felicidad. Si te has perdido y has llegado hasta aquí, seguro que te lo mereces. 

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Por saber sé muchas cosas

Sé que de vez en cuando me observas desde tu pequeño submundo.

Sé que te pierdes porque este mundo, corriente y aburrido, es demasiado monótono para soportar el surtidor que tienes por imaginación. 

Sé que eres feliz en tu mundo, creando historias que otros vivirán porque crees vivir la historia que se ha creado para ti. 

También sé que lanzaste un cuchillo al aire, esperando que alguien lo esquivara y cayó de punta en tu espalda, y que ese tipo de heridas son las que más duelen. 

Sé que lloras cuando estás solo todo por todo lo que no eres capaz de mostrarte afectado cuando hay alguien. 

Sé que crees que nadie te escucha, que te sientes perdido, que sientes que nadie te entiende. 

Sé que buscas consuelo en cosas banales para no pensar en las cosas que oprimen tu alma. 

Sé además, que crees que no sé nada. 

Lo que deberías saber es que yo te observo desde mi pequeño desván y me alegro de lo que te hace feliz; que este mundo monótono necesita compensarse con los colores que pones a la vida, o que no existe una historia creada para ti, pues esa también la creas tú. 

Debes saber también que siento haber llegado tarde para esquivar ese cuchillo que lanzaste al aire, pero vine preparada para curar todas y cada una de tus heridas; que te oigo llorar y me quedo callada para que creas estar solo y te desahogues, al igual que me gusta escucharte y entenderte aunque pocas veces cuentes conmigo. 

Sé consciente de que “sonreír cuando el corazón llora es de verdaderos héroes”, y yo estoy aquí, para verte reír de angustia y llorar de felicidad. 

Lo que nunca sabrás es que lo sé todo. Que yo, por saber, sé muchas cosas

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Para qué correr?

Pies, arena, pisadas. Respiración, aire, olor a mar. Camino.. Salida, sacudirse, playeras. Ponte bien los pantalones, corre. Hace tiempo que no sientes tensar tus músculos. Adrenalina, asfixia. Caminar, recuperarse. Cascos, rap. Rap? Sí, Rap. Debería pensar, pero no puedo, lo intento, pero son demasiadas ideas juntas pisándose unas a otras. Te veo, corro tras tus pisadas, te detienes, me miras y sonríes, pero sigues corriendo. No te alcanzo. Me deprimo y me pregunto de qué vale seguirte, quién eres y por qué lo estoy haciendo. Ni yo lo sé. Me siento y pienso que es mejor que sigas corriendo y no perseguirte más. Algún día llegarás a tu destino y probablemente alcanzarte no sea el mío.

Pasa el tiempo. Apareces de la nada como si hubiera pasado una eternidad sin verte. “Te odio”, pienso, pero tu sonrisa me hace olvidar decepciones y carreras. Corro, y te quedas sentado. Lo suponía, nunca vas a correr por mí.

Sigo corriendo, necesito escapar y las lágrimas comienzan a salir sin venir a cuento. Odio las lágrimas. Odio llorar por ti. Odio sentir que no merezco que corras por mí. Y entre tanto odio un choque. Suelo. ¿Contra qué me he dado? Me levantan. Unos ojos me miran fijamente. “¿Acaso crees que no corro más rápido que tú?” Y me besas, y todas mis dudas son pasado.

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